viernes, 17 de junio de 2011

Culturalmente incierto

Una serie de acontecimientos infortunados han hecho que, casualmente, la coyuntura ponga una vez más los reflectores sobre la educación de nuestros universitarios. Al margen del estudio que releva a nuestra patria hasta la penúltima posición de países en comprensión de lectura, y de que exista una prueba fehaciente de que el peruano lee, como promedio, un libro al año (IPSOS-Junio 2009); se ha podido entrever un asunto que levanta una polémica real y pone en tela de juicio el progreso que supuestamente vive el país. Un reportaje de Panamericana televisión ha prendido la mecha de pesada dinamita y ha puesto en aprietos a las diferentes universidades privadas de Lima que, quiérase o no, admiten a alumnos que desconocen hasta la fecha de la independencia nacional.
Por Roger Hernández
Al cierre de esta edición se contabiliza ya un mes desde que en un nefasto sábado un reportaje de veintidós minutos remeciera, con el poder de un tsunami, la agenda periodística de los medios y un castillo educacional hecho de naipes. Dicho reportaje, como bien se recuerda, consistía en sorprender a los alumnos de distintas universidades (entre ellas, la nuestra) fuera de sus aulas de estudio para mostrarles imágenes de personajes célebres o heroicos que marcaron un hito en nuestra tierra, y que sin embargo no podían dejarse reconocer por los talentosos estudiantes a los que se les consultó. La difusión de dicho material causó un revuelo ciertamente inusitado, además de ocasionar que muchos se pronuncien, partiendo desde educadores de nivel superior hasta humoristas y personas de a pie. Pero ¿qué hay detrás de un simple material periodístico elaborado por una entrevistadora y un camarógrafo?
Para Alicia Albornoz Mendoza, catedrática del curso de Historia en la facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional Federico Villareal resulta paradójico que alumnos que pertenecen a una escuela profesional –ya sea de letras o números- no sepan, por lo menos, la fecha de independencia de su nación. “No se trata únicamente de que no hayan grabado en su base de datos un día perdido en el tiempo o un rostro célebre, sino también que dichos estudiantes ignoran qué significa desplegar un esfuerzo sobrehumano para liberar una patria de colonias extranjeras. Resulta triste, hasta cierto punto, porque desconocen la historia de su tierra, y pueblo que no memora su pasado, por más alegre o vergonzoso que este sea, está condenado a sufrir en el futuro”, afirmó.
Mucho se habla de los caracteres netamente superficiales y memorísticos que basan la educación en el Perú, criterio que nos ayudaría a comprender el reportaje de Panamericana. Pedro Córdova Piscoya, profesor de Marketing de la escuela de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de San Martín de Porres, dio su punto de vista con un más claro optimismo. “Hay mucho por mejorar. Este no es un problema que se ha originado hoy, ni ayer, las bases de nuestra educación tienen mucha carga exógena. Además, los mecanismos de estudio provienen directamente de casa, y en la mayoría de casos escapan de las manos del profesor del colegio, y mucho menos del catedrático en la universidad. Escuelas para padres, motivación temprana para despertar el interés en los estudiantes resultará clave”, dijo.
Buscando consejos que puedan redirigir el asunto y buscar un norte provechoso lo antes posible, también se habló de que los estudiantes no suelen tocar temas de política en colegios ni universidades, por obviar problemas ideológicos o porque se considera “no recomendable”. Richard Díaz Chuquipiondo, profesor de la misma materia que Pedro Córdova, afirma que tocar política en aulas es tener un arma de doble filo. “Cuando estaba en la universidad, se hacía bastante política –sino estabas dentro no estabas en nada- pero al final los que llevaban el tema en el corazón son los consecuentes; el resto olvida. Las generaciones han ido desinteresándose más acerca de temas coyunturales e históricos, y esto es preocupante”. Cuando se le preguntó si tocar política en salones podría ser una alternativa favorecedora, él solo atinó a responder que se necesita bastante correa para tratar el asunto, pero que se puede rescatar utilidad.
Por lo tanto, entrevemos que hay alternativas que podrían mejorar el panorama, y más aún a futuro. Talvez cambiar ciertos criterios educacionales y curriculares brindarían una doctrina académica más acorde a las generaciones futuras y las nuevas tecnologías. Disminuir la brecha digital, despertar interés en los educandos, y marcar una ruta segura hacia un desarrollo sostenible depende solo de quienes quieran un Perú más culturalmente edificado.

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