Cuarenta y dos años después de una revolución originada por el abuso de una dictadura se puede avizorar, sin esfuerzo o afán, una Cuba llena de enormes paradojas basadas en la falacia de organizar una nación que tenga el único propósito de que tanto fulano como mengano sean completamente iguales. Es cierto, las ideas van sucumbiendo en el camino, y este caso no ha sido la esperanzadora excepción.
Una Cuba que se convirtió en leyenda un 1 de enero del 1959, que despierta todas las mañanas y respira un aire distinto al de cualquier parte del planeta, posee mil y un historias por contar. Hablamos de esta misma Cuba que observa los murales más representativos de la Habana con la nostalgia de saberse el último bastión significativo de una ideología noqueada hasta el hartazgo, vista y vuelta a ver ante los ojos implícitos del mundo como la eterna guerrilla, como el grito diferente, como hasta la victoria siempre; pues sí, nos hace pensar y desaparecer cualquier duda de que presenciamos un caso muy especial, porque aunque no lo crean aquí sí alcanzan los picados y contrapicados para resumir lo que sienten once millones de personas ante una situación única, inaudita, desconocida. Pues sí, esa misma Cuba que un día cargó en hombros a once revolucionarios –entre ellos el eterno Che- se debate entre huir, morir o creer, ya que el bloqueo propuesto por el modelo capitalista ha previsto que se aísle aún más a este país isla. Pues sí, es esta una situación especial, porque Cuba escribe un hito en la historia cada día que pasa, cada amanecer y atardecer antillano.
Entonces ¿Picados y contrapicados? Sí. El básquet, el béisbol, la playa, las parejas, los besos, los cumpleaños, todos los rostros negros y blancos, hacen de Cuba un país controvertido, congelado en el tiempo y hospitalario. Aquellas sombras captadas por el lente de una cámara joven provienen de los corazones confundidos de quienes no saben cuándo acabarán estas contradicciones, puesto que la isla alberga sobre su tierra a gente que piensa de una manera realmente polarizada, pasando por quienes tatúan en su pecho freedom y colocan en sus paredes frases totalmente irónicas como “aquí el aire también se paga, ok?”, como también los otros, quienes se resignan a apoyar al gobierno y cuentan con una libreta las raciones diarias que reparten, y los últimos, los puros, quienes a ultranza aún miran las estatuas y reconocen en Guevara y Castro a dos tipos que lideraron una revolución predicada con el ejemplo, con la estrella. Tan solo nos queda razonar que innegablemente tenemos como incógnita a esta patria que siendo vista desde arriba o abajo –norte o sur-; derecha o izquierda –este u oeste, es un país lleno de opiniones contrapuestas. Tan solo nos queda pensar que las tomas captadas por aquel lente ágil han hecho protagonistas a personas con sueños y verdades totalmente lejanas, o sueños y verdades hechas realidad, pues nadie en la tierra podrá negar que las contradicciones vistas en Cuba son dignas de, por lo menos, retratar.
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