Si el humano notara que acostumbra actuar por instinto y azar, descubriría que la mezcla de su razocinio y naturaleza le otorgan ese halo indescriptibe, que sin lugar a dudas pertenece a aquellas condiciones mortales que hacen de la vida un deleite único en su especie.
-Déjame salir más tarde, quiero vivir.
El tiempo transcurre dejando rezagos no siempre agradables, pero para hablar de tal nos vemos exigidos de aportar mucho sentido común y tacto. Hay veces en las cuales nos encontramos implícitos en situaciones poco frecuentes; idealizamos instantes eternos de catarsis o emoción, que por momentáneos que suelen ser, acostumbran dejar huellas en el baúl del pasado. Existen, también, días nefastos en los cuales vemos interpuesto ese "no sé qué" que apretuja nuestro temperamento y estado emocional. Aún me impresiona la rapidez con la cual una persona puede cambiar de estado de ánimo. Somos seres tan complejos y llenos de "engranajes" que vemos dificultada nuestro funcionamiento al "cien por cien", como diría un análisis de rendimiento.
- Déjame en paz, no quiero hablar, no sé qué me pasa.
Y con respecto al hombre y el tiempo se hallan las relaciones interpersonales inherentes a su personalidad.
- Me llegas al pincho.
Y por último, los vicios sociales.
- Quiero chupar.
Y para concluir, suicidios diarios.
- Ya fue, mañana será.
Achaques diarios y contemporáneos. Hallarlos, analizarlos y hacerles frente nos denotará estar un paso adelante ante el reinante relativismo empírico diario.
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