sábado, 5 de junio de 2010

Dícese del furibundo (Conversaciones contigo 2)

A rastras o por voluntad; si te ensusiaste deliberadamente la ropa de etiqueta lavando trastes justo antes de salir al exterior: aún puedes limpiar el traje, tal vez cambiar de ropa e intentar sonreir. Si es que olvidaste en casa algún objeto importante del cual dependías: aún puedes volver, tal vez irte resignado e intentar sonreir. Si es que el cielo anda nublado y se le nota tan tétrica como la impaciente noche, ¿no puedes hacer nada?.

He allí una constante: quedarnos impotentes de la furia porque el día de hoy todo ha resultado mal y no como yo lo planeé, como yo quise que fueran las cosas, como debería todo ser. Pues no, después de una vida de caprichos, reto y refuto la posición del que cree que las cosas deberían únicamente ser como ellos piensan, pues si surge un imprevisto: ¿A quién culparán? ¿A quién?

Tales simples palabras conforman el idealismo de aquel que puede andar tranquilo, ¿y cuándo todo el universo se oponga a ti , o cuando todo salga tan mal, inmejorable, terrible? ¿Qué harás, optimista? ¿Una sonrisa? Pues respondo: sí, sonreir.

¿Y si muriera mi madre y mi hermano en un accidente, y si fuera por culpa de un borracho en su coche que teniendo responsabilidades magnánimas en tal hecho, se da a la fuga, también sonreiré? Pues no, he aquí el punto de quiebre del humano. En primer lugar, exponer ese caso es poco audaz suponiendo que rebalsa cualquier magnitud emotiva en cualquier humano que se considere en sus parámetros, sería un poco extraño querer hallar en la sonrisa las soluciones a los problemas, es aquí efectivamente donde lograremos apreciar el poder de controlar una situación, resulta casi imposible minimizar el dolor en situaciones como esta, la única persona capaz de lograr controlar tales casos e hipótesis como esta es uno mismo. Todo objetivo cumplido tendrá cierto grado de valor, suponiendo desde dónde vino y cuánto esfuerzo se implicó en llegar a la meta. ¿Qué poderes puedo tener yo, tal vez mi único poder sea crear problemas con una facilidad infinita? No lo sé, pensar obsesivamente en negativo denota también cierto aliciente de inmadurez e inestabilidad; no pido que andemos cruzando solo frases optimistas por nuestra mente, pero pensar negativamente, que todo saldrá bien, que vivimos un infierno, debería darnos fuerzas para afrontar las sitaciones antes mencionadas.

¿Qué, no jodas, osea todo está en mí? Pues sí.
(Mi "yo" abandonó la conversación, previamente habiendo descargado una serie de improperios, nada más y nada menos contra mí mismo)

Aún así escribiré. La calma y la confianza pueden ser aliados siempre y cuando trabajen en conjunto. La sonrisa de la cual hablé no es ese gesto mecánico con el cual expresamos conformidad, no es esa mueca recíproca cuando queremos agradar a alguien, para mí, es ese gesto divino de la persona que desea demostrarse cuan alto puede llegar. Es ese afán innato de coraje que solo los más humildes y sencillos pueden realizar. Es ese asesino de los hipócritas, es la biblia del optimista y la luz del liberador. Una sonrisa dice más que "una imagen" y mil palabras.Y es por eso que pienso, aunque con remotas posibilidades, que cuando el cielo ande nublado aún puede haber gente que haciendo un esfuerzo poniendo de sí, quiera alcanzar, ver a través del techo plomo y lograr admirar lo radiante del sol.





Gracias má, gracias pá.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario