viernes, 5 de febrero de 2010

De mi mano, hoy, y en mi corazón, por siempre.

Permíteme redactar, decir todo lo que no puede pronunciar mi boca y entonar mi voz. Deja que mis ojos hablen por sí mismos y que se explayen hasta la eternidad. Que mis manos se endurezcan y que el resto de mi cuerpo se autoconsuma por abandono, como cuando de niño me arruyabas, y únicamente importaba sentir tus mimos. Porque por abandono propio hoy te diré lo que nunca me atreví a decirte. Porque por abandono podemos quedarnos en silencio, tanto así como podemos gritar y bailar y cantar y permitir que nuestro pecho pronuncie al unísono que no habrá mañana, al menos para mí, si no me das confianza para poder volar. No obstante, te comprendo. Entiendo a la perfección tus arrepentimientos. Tienes habilidades poco habituales y fuerza de voluntad lo suficientemente poderosa como para ayudarme a colocar los pies en tierra, por enésima y enésima vez.

No quiero citar parajes incisivamente violentos, ni furtivos ni vehementes; prefiero que me sonrías y continuar ésta vida juntos puesto que talvez las siguientes líneas sean las más sinceras que escribiré jamás.

No sé en qué momento te conocí, o si lo he llegado a hacer; desde siempre he estado seguro de que eres una persona llena de sorpresas, tan poco previsible. Sin lugar a ninguna duda, soy lo que me enseñaste, soy lo que tú eres. Sé que muchas veces se sucitan incógnitas tristes; nuestra relación no siempre fue expléndida ya que ese tipo de idealización sólo existe en nuestra mente, esa mente ilusa que me traiciona cada una de las veces que peleo contra el planeta entero por una sin razón; pero aún así, lucho. Día a día despierto con la única motivación de ser mejor que ayer. Día a día sonrio porque tengo la dicha de saber quién soy y de dónde vengo. Indudablemente me hace feliz el hecho de haber departido durante diecisiete primaveras tantos momentos emotivos y memorables, porque ambos tuvimos la suerte de ser golpeados incontables veces por la vida, y hoy, justamente hoy tenemos la frente en alto, porque si bien es negativo pecar de sobervia, no es malo estar orgullosos de la cantidad de veces que nos hemos levantado del suelo para continuar con la mirada hacia el infinito. Jamás fue fácil, y te lo agradezco a ti.

No sabes cuanto me hubiera gustado ahorrarte riñas sin sentido, pero sabes que para mí fue difícil anhelar ser adulto cuando aún era un niño.

Me diste la más grande dicha cuando me encomendaste otro como yo, para que no me sintiera tan solo ni pequeño en este mundo.

El dinero mueve las industrias, siembra desconfianza, pero no alimenta nuestros corazones. Contigo descubrí que se aprenden de éxitos y no de errores. Y confieso que admiro la performancia con la cual puedes convertir tu mal carácter en un torbellino sin escapatorías.

Te aseguro que en mí no sembraste un abogado de asesinos, un médico fraudulento ni un ingeniero mediocre. Me haré comunicador, cueste lo que me cueste, lo llevo en la sangre, como tú.

No quisiera que te vayas de este mundo sin antes saber que mi vida no hubiera sido la misma sin tu presencia. Sé que si me faltaras podría vivir sin ti, y aunque suene duro, haz cumplido el rol y no solamente eso, sé que lo vivido contigo, bueno o malo, no lo olvidaré.

Porque me procuraste valores y sensibilidad.

Porque luchaste y luchas por ver en mi rostro únicamente alegría.

Porque saliste en mi encuentro cuando me sentí perdido.

Porque educaste mis caprichos hasta volverlos mínimos.

Porque me tomaste de la mano fuertemente cuando esas agujas penetraron en mi piel y dejaron en mi alma, los rezagos más duros del dolor; sufrimiento que quisiste compartir incondicionalmente conmigo cada día - noche en hospital, de lunes a domingo.

Porque he notado que di muchas penas y te arranque muy pocas sonrisas y aún así me sigues amando.

Porque no necesitas utilizar palabras para demostrame que tu cariño es verdadero. Fuiste, eres y serás, la mujer de mi vida, mamá.

1 comentario: